05-06-2009
* Hay hombres que no duermen. No quiero al que no duerme, dice Dios.
El sueño es el amigo del hombre. El sueño es el amigo de Dios. El sueño es tal vez la criatura más hermosa. Yo mismo descansé el séptimo día.
El que tiene un corazón puro, duerme. Este es el gran secreto de ser como un niño.
* Pues bien, me dicen que hay hombres que trabajan bien y que duermen mal.
Que no duermen. ¡Qué falta de confianza en mí!
Es casi más grave que si trabajasen mal pero durmiesen bien.
Que si no trabajasen y durmiesen, porque la pereza no es un pecado mayor que la inquietud, ni que la desesperación y la falta de confianza en mí.
* No hablo, dice Dios, de esos hombres que ni trabajan ni duermen. Esos son pecadores, por supuesto. Grandes pecadores.
Hablo de los que trabajan y no duermen. Los compadezco. Hablo de los que trabajan, y que así siguen mi mandato, pobres hijos. Y que por otra parte no tienen el valor, no tienen la confianza, no duermen.
* Los compadezco. No me gustan. No me dan confianza.
Como el niño se acuesta inocente en los brazos de su madre, ellos sin embargo no se acuestan inocentes en mis brazos. Tienen la valentía de trabajar. No tienen la valentía de no hacer nada. De detenerse. De reposar. De dormir.
* Son desgraciados, no saben lo que es bueno. Manejan muy bien sus negocios durante el día. Pero no quieren confiarme su manejo durante la noche. Como si yo no fuese capaz de asegurarles su dirección durante la noche....
* Como si más de uno que hubiera dejado en mala situación sus negocios al acostarse, no los hubiera encontrado en muy buena al levantarse, porque quizá yo hubiera pasado por allí.
LA PORCHE DU MYSTÈRE DE LA DEUXIÈME VERTI. Ed. Gallimard. París 1929. Charles Peguy (1873-1914). En "Lecturas cristianas para nuestro tiempo". Madrid 1974.