BODAS

 

Estas páginas están dedicadas a las parejas que desean casarse por la Iglesia. 

Contienen información de índole diversa y práctica.

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El matrimonio es el séptimo de los sacramentos del cristianismo. La palabra como denominación de la institución social y jurídica deriva de la práctica y del derecho romano. Su origen etimológico es la expresión "matri-monium", es decir, el derecho que adquiere la mujer que lo cantrae para poder ser madre dentro de la legalidad.

La boda no es sólo una cosa de cristianos. Desde el comienzo de todo, el hombre y la mujer se han atraído mútuamente y han creado uniones estables, a lo que llamamos matrimonio. La unión del matrimonio es, sin duda, una de las realidades más ricas e intensas que puede haber en la vida de las personas. Un hecho que expresa, como ninguno más, el deseo humano de unión mútua, de amor.

Esta realidad humana los cristianos la vivimos con una riqueza aún más grande. Porque vemos en ella una señal del amor de Jesucristo. Y, la vemos tanto, que afirmamos que es un sacramento, es decir, una de las siete acciones de la Iglesia en las que reconocemos de manera plena y visible la gracia de Dios en el mundo.

El matrimonio que consagra el amor de la pareja es una señal pública del amor de Dios, un don del Espíritu de Jesús. Y eso es al mismo tiempo un compromiso y una garantía. Un compromiso de ser fieles, de mantener y hacer crecer siempre este amor y esta unión. Y una garantía de que Dios nos acompañará en este camino, con su Espíritu, con su fuerza amorosa.

En la escena de las bodas de Caná (Juan 2,1-11), Jesús participa de la alegría de una fiesta de enlace. También participará de vuestra fiesta, y os ayudará a convertir el agua de la vida cotidiana en el vino de la alegría, del amor compartido, del deseo de ser señal de fe y de amor para todas las personas con las que tratéis.