Señor, no tienes manos, tienes sólo nuestras manos para construir un mundo nuevo donde florezca la paz y la justicia.
Señor, no tienes pies, tienes sólo nuestros pies para poner en marcha los oprimidos por el camino de la libertad.
Señor, no tienes labios, tienes sólo nuestros labios para anunciar a los pobres la buena noticia de Dios.
Señor, no tienes rostro, tienes sólo el nuestro para alegrar los tristes y serenar fracasados y perdidos.
Señor, nosotros somos tu Evangelio, el único evangelio que nuestros hermanos pueden leer si en nuestra vida hay palabras y hechos solidarios para todos los que padecen olvido y necesidad.
Señor, aquí tienes nuestras manos, nuestros pies, nuestros labios, nuestro trabajo, nuestro tiempo, nuestra vida, ... todo lo que somos y tenemos.
Estamos aquí, Señor, cuenta con nosotros!
(Del suplemento de la hoja parroquial de las parroquias del Carmen y Mercadal, 22 de octubre 2017)